jueves, 29 de mayo de 2014

VII. INTELIGENCIA ANIMAL

VII. INTELIGENCIA ANIMAL. Amén de las cuestiones fisionómicas, los animales, como vimos en las anteriores publicaciones, tienen otra clase de barreras que les hacen no llegar a tener en principio un lenguaje como el nuestro. Entonces ¿somos los únicos seres inteligentes de la tierra? Es una pregunta en extremo interesante que quizás no nos hacemos en demasía. Si se trata del descubrimiento de nuevas tecnologías o la cura de enfermedades, esto es así, pero… ¿a eso se reduce la inteligencia? ¿O existen otros parámetros para “valorarla”? Y si fuera así… ¿Existen entonces animales inteligentes? LA COGNICIÓN ANIMAL Posiblemente debiéramos apuntar hacia la cognición de otras especies en los estudios clasificándola como inteligente; que los delfines no reflexionen sobre semántica, no significa necesariamente que tengan una menor inteligencia. Quizás la evolución les ha llevado a una vida en la naturaleza. Como es el caso de las ballenas, que llevan millones de años más que el ser humano en este planeta aunque hoy, desgraciadamente, como comparten con la gran mayoría de seres vivos, sean amenazadas por el ser humano, quizás no seamos tan racionales como pensábamos… El lenguaje humano como expresión máxima de la comunicación. Bajo nuestro punto de vista, el lenguaje humano se describe como una herramienta única de comunicación, la más afinada, perfecta y eficaz al transmitir una información determinada. Es cierto, al menos que el lenguaje humano es la clave para la creación y desarrollo de la civilización, de ahí, nuestras sociedades modernas. Hoy en día, ya nadie cuestiona el parentesco evolutivo que compartimos con los grandes simios como bonobos, chimpancés, orangutanes y gorilas, somos de la misma familia: Los homínidos. A comienzos del siglo XIX, los científicos descubrieron que el tamaño del cerebro del hombre es entre tres y cuatro veces el de un chimpancé.
Los investigadores, siempre se han fijado en el tamaño del cerebro, pero lo que realmente importa, no es el tamaño, sino su organización… Al parecer, se relaciona el desarrollo de la la región de la corteza pre-frontal con el pensamiento abstracto, en el caso del cerebro del hombre, las neuronas tienen un mayor margen teniendo como resultado una mayor conectividad. Humanos y primates poseen neuronas de von Economo (por el descubrimiento de Constantin Von Economo en 1929 de éstas), estas neuronas están implicadas en la cognición social y forman parte de experiencias emotivas como la confianza, la empatía, los sentimientos de culpa o de la vergüenza. Las neuronas de éste tipo son de mayor tamaño y tienen una mayor presencia en el hombre que en el resto de su familia evolutiva. Se han identificado también en el cerebro de las ballenas jorobadas, rorcuales, orcas, cachalotes, delfines mulares, delfines de Risso, belugas y elefantes. Su presencia en organismos tan dispares se atribuye a un fenómeno de evolución convergente.
Luego, cognitivamente, también compartimos con otras especias parte de nuestra organización mental. El estudio de la cognición en la historia, dada la complejidad del comportamiento animal, ha llegado a utilizar “préstamos” de la actitud humana. Véase el caso de los estudios darwinianos donde se aludía a la simpatía de los cuervos o la alegría de un perro. Parecía ser la promesa para subrayar las patentes semejanzas entre la conducta humana y la animal, pero también en el siglo XIX (podéis ver que somos una especie de contrastes) se produjo una fuerte reacción contra este tratamiento científico de igualdad entre animales y humanos, incluso creando un canon que prohibía éste tipo de explicación sobre el comportamiento de los seres vivos (Reino Unido, Conway Lloyd Morgan) Hoy, en el siglo XXI, un cambio de mentalidad hace que nos preguntemos por ejemplo, si existe la cultura en los animales. En una serie de experimentos practicados en el Centro de Investigación Wolfgang Köhler del Zoológico de Leipzig se ha demostrado que los grandes simios saben que pueden equivocarse al tomar una decisión, es decir, parece ser que éstos están dotados de la capacidad metacognitiva. Lo cual, plantea la cuestión de si nuestros parientes tienen la capacidad de la cultura.

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