jueves, 29 de mayo de 2014
IV. ¿Dónde comenzamos a diferenciarnos de la comunicación animal?
IV. ¿Dónde comenzamos a diferenciarnos de la comunicación animal?
Gracias a la interesante ponencia a cargo el Profesor Antonio Benítez Burraco que tuvo lugar la semana pasada en la facultad de filología de Sevilla, me hizo reflexionar sobre mis posibles publicaciones llegando a la conclusión de que dedicaría una al menos a este interesante tema.
Bueno, el ser humano tiene una forma de comunicarse única, tiene un lenguaje innato como hemos aprendido de Chomsky.
Pero hemos de preguntarnos exactamente ese lenguaje cómo se caracteriza:
Bien, el lenguaje se caracteriza por su carácter simbólico, para lo que hemos de regresar de nuevo a la teoría del lingüista Charles Hockett, en sus características de arbitrariedad y de productividad. Usamos el simbolismo, que es la serie de combinaciones arbitrarias entre ruidos y palabras, que supone una sintaxis semánticamente productiva.
¿Pero…El simbolismo es genuinamente humano?
No, pues está presente en especies animales, es una propiedad fundamental en los animales como en las personas.
Esto lo conocemos gracias al estudio comparado de la fonética acústica de animales y personas. El análisis de las secuencias de ruido animales en los espectrogramas tiene un gran parecido a la sintaxis humana.
Cabría esperar que los animales que tienen una sintaxis similar a la humana sean los chimpancés, pero sin embargo son los pájaros los que tienen una mayor similitud:
Aunque no se comuniquen de forma vocal como otros animales, los pájaros cantores están entre los pocos que aprenden sus sonidos de comunicación de una forma similar a los seres humanos. Los cerebros del ser humano y del pájaro son diferentes pero los procesos de aprendizaje del habla y de la canción implican mecanismos nerviosos similares.
Según los trabajos realizados por los investigadores Dezhe y Alexay Kozhevnikov del departamento de Física y Centro de Ingeniería Neural de la Universidad de Penn State y Richard Mooney, de la Universidad de Duke, en EE UU, los pájaros cantores transmiten impulsos a través de las células nerviosas en sus cerebros para ejecutar un comportamiento complejo, como es el canto. Afirman los científicos que "Las semejanzas entre las redes nerviosas de los pájaros cantores y de los seres humanos las hacen importantes para entender el trazado del circuito cerebral, base de la producción del habla y del lenguaje".
En el laboratorio estudiaron imágenes cerebrales durante el canto para intentar determinar cómo la interconexión de las redes neuronales lleva a la producción de sílabas y de sintaxis. Al igual que la lengua humana, el canto de los pájaros está compuesto por sílabas y la unión de sílabas es algo parecido a unir palabras en una frase. Advierten eso sí, los científicos que no se puede decir que los pájaros hablen.
Un instrumento clave para el estudio de la comunicación avícola es el espectrógrafo de sonido, de los dos tipos de comunicación acústica en pájaros (esto es, llamada y canto, la más sustancial es el canto)
Es más tenido en cuenta el canto, pues es más complejo que la llamada. Es propio de los machos para establecer unas “fronteras territoriales” y atraer a la pareja en tiempo de cría:
podemos ver un espectrograma humano arriba y un espectrograma animal (pájaro bengali) abajo.
Podemos deducir entonces, que la comunicación de los animales como la de los humanos está emparentada.
Y añadiendo que una investigación liderada por científicos de la Universidad de York, (en concreto las doctoras Katie Slocombe y Anne Schel) ha descubierto notables similitudes entre la producción de vocalizaciones de los chimpancés y el lenguaje humano. Se ha publicado en la revista 'Plos One', http://www.plosone.org/ un artículo donde se demuestra que las llamadas de alarma de esta especie pueden mostrar numerosas características de la comunicación intencional a partir de sus investigaciones hechas en Uganda.
Luego el lenguaje humano nace del lenguaje del mono y de la comunicación de otras especies animales.
Y esto se demuestra día a día con:
-El análisis de facultades homólogas presentes en especies vivas (relacionadas filogenéticamente con la nuestra)
-El Análisis de indicios fósiles de etapas intermedias en el proceso evolutivo que condujo a la aparición de la facultad del lenguaje.
El que la sintaxis de los monos no tenga similitud con nuestro lenguaje, conlleva el siguiente problema:
EL PROBLEMA DE LA DISCONTINUIDAD que es que no podemos establecer una herramienta o patrón que explique gradualmente la similitud del lenguaje humano según el parentesco genético-evolutivo con los animales, sino que hay animales genéticamente diferentes a los humanos, pero sin embargo la sintaxis de la comunicación de algunos de ellos se asemeja (véase el caso del pájaro bengalí)
En el caso de la imagen encontramos una evolución que no se cumpliría en el desarrollo lingüístico hasta llegar a la especie humana. Ejemplo de discontinuidad.
Por ejemplo, nuestros parientes más cercanos, los chimpancés pueden llegar a transmitir ideas en seudoraciones, pero sin un orden concreto.
Las facultades del ser humano para comunicarse están presentes en los animales pero separadamente.
¿Pero cómo surgió la palabra en el ser humano?
¿Tiene que ver en su éxito algo con el estímulo animal o estábamos predeterminados a que triunfara?
Según Faustino Cordón en su libro “La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico”, es cuestión de estímulo animal en coherencia de la acción y la sociedad humana en los homínidos, por pura necesidad de supervivencia.
El origen del lenguaje humano tiene su origen probablemente en la prehistoria. En el paso del peregrinaje humano de un medio cerrado, el bosque, las cuevas….A uno abierto como lo es una sabana, una estepa... Al encontrar este cambio, el proyecto del hombre se vio bajo una presión selectiva fortísima, encontrándose poco armado para defenderse y con la necesidad de cazar para calmar su hambre. Uno de los nuevos instrumentos para la sobrevivencia sería una comunicación fundada en la transmisión de informaciones cada vez más precisa. Así, probablemente, comenzaría aquí la escisión entre la emotividad, nuestro lado animal y la inteligencia. Esta disociación nos ha permitido nuestra evolución hasta el lenguaje.
También está demostrada la responsabilidad que hay en nuestro genoma del lenguaje en ese “impulso”.
En octubre de 2001 , científicos del Centro Wellcome de Genética Humana de la Universidad de Oxford, liderado por Fisher, identificaron el primer gen relacionado con el habla. Este gen se supone que fue el primer impulso para que el hombre pudiera empezar a desarrollar su capacidad lingüística. En consecuencia, el hombre desde que nace tiene una exclusiva capacidad natural para balbucear y pronunciar palabras (De ahí la teoría de Chomsky)
Este gen se denomina FOXP2, abreviatura en inglés de Forkhead Box ( la caja de la cabeza del tenedor) , un segmento característico del ADN, que aparece en otros genes. Fox pertenece a una familia de genes clasificados por letras de la A a la Q. FOXP2
Analizando las diferencias entre el gen FOXP2 en los seres humanos y los chimpancés se podría identificar la base genética de las capacidades de comunicación. Ya se sabe que sus versiones en el ser humano y el chimpancé difieren en dos aminoácidos. Este hecho podría confirmar la hipótesis de que ciertas mutaciones en ese gen podrían impulsar la evolución del lenguaje.
Un grupo de investigadores encabezado por el profesor Wolfgang Enard, Genetista del instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, al querer comparar una especie emparentada genéticamente con el ser humano como es el chimpancé o el bonobo, ambos emparentados en un 99%con el ser humano, introdujeron el gen del lenguaje (FOXP2) en un ratón cambiando sus chillidos y comportamiento. Lo cual demuestra que efectivamente la posibilidad de hablar parte de una mutación genética en los humanos preparados físicamente (aparator) y cognitivamente para ello.
http://www.dailymotion.com/video/x7693i_gen-foxp2-evolucion-humana-por-muta_school
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