miércoles, 21 de mayo de 2014
I COMUNICACIÓN Y LENGUAJE
1. INTRODUCCIÓN
¿Por qué este tema?
Porque el hombres siempre se ha hecho la pregunta al contemplar al animal de si realmente se comunica, de hasta qué punto se asemeja en caso de que sí esa comunicación con la nuestra y porque seguramente todo hombre ha intentado establecer comunicación con los animales, bien por fascinación, por utilidad o simplemente por curiosidad.
El hombre de seguro tiene cosas del animal, no olvidemos que somos más animales de lo que creemos…Es pues entonces, que hay que plantarse la investigación de los animales en todos sus aspectos para entender mejor nuestra configuración, por lo que igualmente puede suceder con el lenguaje.
Comunicación y lenguaje
Los animales no pueden sintetizar para construir un lenguaje como el humano ¿Pero eso quiere decir que no puedan comunicarse?
Lo que nos lleva a la primera parte de este post: ¿Qué es la comunicación? El término comunicar nace del término verbal latino comunicare, que significa compartir algo, poner en común. Como es sabido, conforme esto podemos dirigir nuestra mirada a los animales, sabemos que como las abejas o los monos, los animales se reúnen en comunidades organizadas para las cuales ha de existir la comunicación para ello, tenemos por tanto que la comunicación es un fenómeno intrínseco de los seres vivos en el caso de encontrarse en grupo.
Implica la emisión de sonidos, gestos, señas para dar a conocer un mensaje. Para que la comunicación sea válida el receptor ha de tener las habilidades correspondientes para la descodificación y al ir intercambiando los roles de emisor receptor se producirá la correspondiente retroalimentación.
Los diferentes sonidos que un orangután emite para trasmitir distintos mensajes (miedo, alerta, enfado) también suponen un código, así como los bailes de las abejas y el croar de las ranas.
Un código, pues, es un sistema de signos. Y un signo es un elemento físico que funciona como sustitutivo de alguna otra cosa. Por ejemplo: un charco en el suelo significa que probablemente hace poco que ha llovido. El comportamiento cercano de las perras durante la época de celo representa su disponibilidad para el apareamiento. Un chimpancé gritará alarmado para avisar a los demás de que se aproxima un depredador. Y el hiperónimo árbol engloba a todos los posibles hipónimos como granado, manzano, almendro, olivo, álamo... Tenemos, entonces, cuatro elementos físicos: el charco, la actitud de las perras y el sonido (ondas físicas en el aire) del grito del simio y de la palabra árbol. Y cuatro elementos a los que sustituyen: la lluvia reciente, la disponibilidad de apareo, la alerta ante un peligro y en el concepto árbol.
Pero hay diferencias fundamentales entre estos signos. En los dos primeros casos, por ejemplo, los signos no son intencionados. La lluvia no tiene vida, y por lo tanto no produce el charco “a placer”. La perra, aun siendo un ser vivo igualmente en principio no elije su cambio de comportamiento en época de celo, porque probablemente esté condicionada por el instinto reproductor.
Y claro, siempre nos queda plantearnos… ¿y el chimpancé? Solo emitirá el sonido de alerta si se aproxima un depredador o puede haber intencionalidad en ello. Entonces, ¿este acto de comunicación del chimpancé es intencionado? Pues, aunque pueda parecerlo, por ventura o desgracia no hay intención. El chimpancé no elige chillar o no chillar. Si llega el leopardo (o si él cree que viene) emitirá el sonido instintivamente. No puede, por ejemplo, decidir no avisar para que el hambriento animal destruya a su rival de la manda, y tampoco puede emitir un sonido sin que haya un estímulo de peligro para gastar una broma. Es decir, el animal no puede mentir.
He aquí la primera diferencia entre el lenguaje humano y las formas de comunicación animal: EL SER HUMANO LLEVA INTENCIONALIDAD EN SUS PALABRAS, ESTO ES; ES CAPAZ DE MENTIR O PREVARICAR.
La siguiente diferencia es que los animales no pueden transmitir ideas alejadas en el espacio y el tiempo en el que viven.
Aunque puede tener ciertas matizaciones:
Cuando una abeja descubre en sus exploraciones néctar, el elixir de la colmena, regresa a la ésta y baila en círculos frenéticamente. Siempre hace el mismo baile, con variaciones: un dibujo en forma de 8 con plagado de movimientos del abdomen. Cuando las demás abejas la perciben, han de interpretar varios aspectos de su danza: la amplitud de los arcos del 8, la velocidad de los temblores, y la orientación del eje que su baile describe respecto al sol. Con esto se hacen una idea bastante concreta de la distancia a la que está la fuente de alimento, la dirección en que se encuentra y la posible cantidad de néctar. Sabidos estos datos, partirán a la recolección.
https://www.youtube.com/watch?v=SdAe3ONfa7s
Se podría pensar, entonces, que las abejas son capaces de emitir un mensaje sobre un hecho real que está alejado en el tiempo y el espacio. Aunque sí es aplicable en el espacio, no podemos decir aún que esto pueda también ocurrir en el tiempo.
Así pues, hoy día continuamos explicándolo por el instinto.
La capacidad creadora del lenguaje humano es otra de las principales diferencias.
Siguiendo la vía de ejemplificación de las abejas, la abeja exploradora no innova su baile, no hace variaciones, sencillamente se comporta como una reproductora de un mensaje condicionada por los genes.
El lenguaje humano es capaz de crear neologismos e incorporarlos en su lenguaje (televidente,), calcos (contenedor) o incluso crear compuesto con dos términos existentes nuevo (radiopatio). Incluso puede crear palabras de origen onírico (unicornio, centauro).
Y la última de las diferencias, el lenguaje humano es un sistema discreto. O Lo que es decir que con un número limitado de unidades, y mediante técnicas de selección y combinatoria, es capaz de crear un número virtualmente ilimitado de mensajes.
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