jueves, 29 de mayo de 2014

V. Tipos de comunicación animal según el interlocutor.

Existen en el reino animal distintos tipos de comunicación, no solo por la forma en que esta se produce, sino por los intervinientes en dicha comunicación. Así no es lo mismo la comunicación que se lleva a cabo entre machos de la misma especie, que pugnan por la supremacía en el grupo, como la que se da entre macho y hembra de una misma especie para el apareamiento o la que tiene lugar entre madre e hijo, que no solo tiene como finalidad la alimentación y protección sino también la educación para la vida futura y la continuidad de la especie, como ocurre con las variantes diafásicas en el ser humano. Aparte de esto que comentamos, las señales que se transmiten en el reino animal pueden servir para la defensa, para cooperar en la búsqueda de alimento, para vivir en sociedad, establecer su propia señal de reconocimiento… Es inevitable establecer una comparación con el lenguaje humano, pues en cierta manera el hombre ha aprendido a comunicarse de la misma forma, ya que en el fondo no somos más que el producto de la evolución animal. Mensajes universales. Mensajes de amor Para el apareamiento de las especies, el mensaje ha de ser claro, pero ello conlleva ciertos riesgos, ya que dicho mensaje puede llamar la atención de otros miembros de su especie pero también los depredadores pueden verse alertados de la presencia de su presa precisamente en el momento de la parada nupcial. Normalmente los machos producen sonidos, olores, o danzas rituales que atraen la atención de las hembras y finalmente son ellas las que eligen el momento del apareamiento, pero este mensaje no es unidireccional. También las hembras hacen saber a los machos de su especie el momento en que están dispuestas para la reproducción. https://www.youtube.com/watch?v=GVHpPIBw6u8 El mensaje es inequívoco para diferenciar a los de su misma especie y conseguir así la continuidad de la misma, pero no es suficiente para atraer al consorte, a veces desde muy lejos, sino que además es necesario reconocerlo, convencerlo, aceptarlo y comprenderlo y en ocasiones dicho mensaje ha de componerse de varias modalidades (olor, danza visual, sonido). Entre la madre y el hijo Además de los sonidos y los olores, entre las crías y sus progenitores se da un lenguaje por contacto, que les da confianza a los primeros, les hace sentirse seguros. Es el contacto afectivo. Por otra parte, en las crías se graba el mensaje de la impronta, por el cual reconocen a su madre al nacer, ya que normalmente es lo primero que ven, pero tomarán como madre cualquier animal o cosa que vean moverse por primera vez y eso los condicionará en su desarrollo como adulto. Este primer mensaje fue descubierto por Konrad Lorenz en 1935, pero se trata más de un reflejo instintivo que de un mensaje propiamente dicho, si bien condicionará al individuo para su comunicación futura con otros miembros de su propia especie. Esa impronta da lugar a que el individuo se reafirme en sí mismo y evita la hibridación de especies, sin embargo existen excepciones a la regla, como el caso del cuco, que pone los huevos en nidos ajenos y sin embargo siempre se une a miembros de su especie. El aprendizaje entre madres e hijos es innegable, y ello implica comunicación. El joven criado con sus congéneres aprenderá mucho gracias al contacto con los adultos. Esto demuestra que existe una comunicación entre los animales y que la información es transmitida a la descendencia. Cabría pensar si adquirir un nuevo conocimiento y transmitirlo a las generaciones futuras no podríamos definirlo como cultura. COMUNICARSE PARA DEFENDERSE. No siempre los individuos cuentan con la protección y ayuda de sus congéneres. Solos frente a predadores y con la necesidad de alimentarse, deben defenderse de sus enemigos y asegurarse su espacio vital. Entre los medios de que disponen para sobrevivir, la comunicación en el reino animal es indispensable, ya sea dirigida a animales de su propia especie o de otra. Por una parte, está el ofrecer una información engañosa de cara a los predadores, así existen en el reino animal individuos que imitan con la pigmentación de su cuerpo la situación errónea de su cabeza, lo cual puede salvarles la vida ante un ataque. Por otro lado está la sorpresa, como ocurre con la mariposa esfinge, que con sus alas plegadas pasa desapercibida, pero ante la presencia de un pájaro las despliega mostrando dos círculos a modo de ojos, que ahuyentan a los pájaros. Este hecho ha sido contrastado científicamente, poniendo de manifiesto que los pájaros se ponen nerviosos ante las figuras de círculos. ¿Interpretan el símbolo como una advertencia fatal? Por otra parte, existen animales de vivos colores que advierten a sus predadores de su toxicidad, y esa información es transmitida de generación en generación, pero esta circunstancia es aprovechada por otras especies inofensivas, que imitan los colores de sus paisanos venenosos, como ocurre con las serpientes coral y las serpientes Lampropeltis, venenosas las primeras pero inofensivas las segundas (ante la duda hay que abstenerse, pues el mensaje está presente). Por otra parte, los animales marcan su territorio con olores propios, ya sea con feromonas, heces u orina, lo cual es un mensaje para otros miembros de su especie de cara a mantener las fronteras de su territorio de caza, de su “despensa” de presas, que le aseguran la sobrevivencia. Muchas de estas actitudes son consideradas como reflejos innatos, no aprendidos, sin embargo, la comunicación como medio de defensa contra el predador es muy rudimentaria, ya que se limita a un mensaje único, que no requiere ninguna respuesta por parte del otro, como máximo, debe aprender que algunas señales significan un peligro o una molestia para él. En cierto modo, podría considerarse como la primera lengua extranjera que debe dominar. SEÑALES PARA COOPERAR. La solidaridad puede ser también una garantía de supervivencia. Muchos animales se libran de apuros gracias a asociaciones que producen beneficios mutuos, ya sea entre animales de la misma especie o de dos especies diferentes. En cualquier caso, la comunicación se convierte en soporte para la cooperación. A veces, de forma involuntaria, las asociaciones entre especies dan resultado gracias a la comunicación. Pongamos como ejemplo la alianza entre el pez payaso y la anémona de mar. El pez segrega una sustancia química que le permite permanecer a salvo de los predadores entre los tentáculos de la anémona sin ser engullido por esta y a cambio, este pez mantiene los tentáculos libres de parásitos y desperdicios que podrían dañarlos. Se trata de una comunicación rudimentaria que al igual que en los mensajes-señuelo, engaña al receptor, solo que el sentido y función del mensaje cambian. También hay que considerar el reparto de funciones dentro de un grupo de animales, como por ejemplo las aves que vuelan en V, que se van turnando para figurar en cabeza. Todas conocen la información de a dónde se dirigen, pues de forma rotatoria van guiando al grupo, o los murciélagos vampiro, pocos de ellos consiguen alimento de la sangre de un animal, pero los miembros hambrientos consiguen alimento de los que se han saciado. Esta organización, en determinados casos no sirve únicamente a los de la propia especie. Por ejemplo, los antílopes y cebras de la sabana se turnan para vigilar mientras la manada pasta sin tener que levantar continuamente la cabeza, atentos a la presencia de un predador. En caso de peligro, emiten sonidos (a menudo gritos penetrantes) que llegan lejos y ponen en alerta a los demás miembros, pero ese mismo aviso también alerta a otros herbívoros de la sabana, siendo reconocido por otras especies diferentes. La cooperación se extiende entonces a todas aquellas especies amenazadas por el mismo peligro y que son capaces de comprender el mensaje. En ocasiones podemos hablar de verdadera cooperación inteligente, por ejemplo, cuando en el invierno el alimento escasea, los lobo atacan a veces a los alces. Éstos pueden hacer frente a varios de ellos, pero los lobos se organizan para rodear sigilosamente a su presa, mientras uno de ellos atrae la atención de la presa, aullando al descubierto. Ocupada en vigilar al impertinente, la presa no siempre se percata del ataque colectivo. Esto solo puede ser posible mediante una acción cuidadosamente preparada y perfectamente sincronizada para alcanzar el éxito con una estrategia coordinada. Aún admitiendo que el instinto de sobrevivencia agudiza el ingenio, hay que reconocer una notable inteligencia. REGLAS PARA VIVIR EN SOCIEDAD. En una sociedad, ya sea animal o humana, existen reglas de comportamiento. Esto hace que se pueda dar una convivencia en armonía. La agresión es inevitable en la vida social animal, pues permite la expresión de conflictos y que se pueda lograr el equilibrio. No obstante, agresividad no es lo mismo que violencia. Hay otras señales que influyen en la vida comunitaria, como la sumisión, el apaciguamiento, las relaciones de amistad y una cierta forma de civismo animal. La llegada a la edad adulta, implica descubrir que los juegos de antes se han transformado en un medio para ocupar un lugar en la sociedad. Pero a menudo la afirmación del individuo con respecto a los demás, requiere de la agresión, ya sea para el apareamiento nupcial o el establecimiento del territorio. Los mensajes de agresión son tanto visuales como sonoros u olorosos. Estas actitudes, más espectaculares que realmente peligrosas, pretenden intimidar al oponente. La conquista del estatus social es más un acto de comunicación que de superioridad física. Por otra parte, también están las situaciones de sumisión, donde el individuo perjudicado, a menudo el más joven, se hace lo menos llamativo posible, se hace pequeño y se somete. Estas señales indican al vencedor que el enfrentamiento le ha sido favorable. Sin embargo, utilizadas sutilmente en un contexto social, las señales de agresión y sumisión, pueden permitir a un animal hábil ascender en la jerarquía sin necesidad de hacer gala de su superioridad física. Los ataques de los animales son realmente excepcionales. Solo en el caso de una hembra que defiende a su cría o un animal acorralado o amenazado, estas situaciones pueden darse. Normalmente los asaltos, en apariencia violentos, son simulados o incompletos y tan solo pretenden “dejar las cosas claras”. Los gestos de sumisión hacen entender al vencedor que no tiene necesidad de hacer valer agresivamente sus derechos y ahorra al vencido nuevos ataques, es decir, bloquea el instinto agresor. Cuando nos cruzamos con alguien conocido, le saludamos, le estrechamos la mano o simplemente le sonreímos. Estas conductas nos parecen más propias de los humanos que de los animales, sin embargo también en el reino animal se dan señales de este tipo. Son las llamadas señales de cortesía o apaciguamiento y ayudan a mantener relaciones de entendimiento entre los miembros de un grupo y evitar conflictos, es decir, cohesionar al grupo y evitar la agresividad. Cuando se dan situaciones de superpoblación, el alimento escasea y esto lleva a los miembros de un grupo numeroso a sufrir situaciones de estrés, que inhiben su deseo sexual y hacen disminuir la población, buscando así el equilibrio natural. Otros secretan feromonas que bloquean la ovulación, controlando así los nuevos nacimientos y evitando que los animales de una misma especie se aniquilen entre sí a pesar de sus relaciones agresivas.

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